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Aun en nuestros días al principio del siglo XXI se sigue buscando esa diminuta partícula indivisible, como origen de todas las leyes del universo. Su magnitud sería neutra, por lo tanto, de valor cero con referencia a las demás partículas asociadas, para formar un núcleo común. Por ejemplo, si a la primera partícula indivisible le añadimos otra de diferentes características, entre ambas partículas se produce un cambio de estado y una proporcionalidad particular del propio proceso. Mediante esta secuencia se genera una fuerza de atracción y repulsión gravitatoria, energía eléctrica, magnética, electrostática y calorífica, causada por el diferencial de la carga electrica entre la polaridad de ambas partículas.
El proceso necesita un tiempo en su composición y ambas partículas ocupan un espacio natural en función de las características particulares de cada caso específico. Sin embargo sí, a la partícula original, le añadimos otra partícula de las mismas características, de todo lo expuesto nada sucede. Por analogía podemos decir: si a un color le añadimos partes del mismo color, por el proceso de integración, el color no cambia, tampoco cambia su valor energético, y tampoco cambia el espacio que ocupa. Es decir en este suceso no ocurre nada, tanto si la cantidad es grande como si es pequeña, se obtienen los mismos resultados. En el primer supuesto el cambio de estado evoca calor de donde se genera una gran incertidumbre, de cuya entropía nacen las radiaciones electromagnéticas que se desprenden de la partícula material con un riguroso orden, conocido como fotón de luz, formando réplicas esféricas autónomas aisladas entre sí. Cada esfera, en función de su diámetro, tarda un tiempo en formarse y, ocupa un espacio cargado de energía termodinámica otorgada al espacio tiempo que ocupa el fotón lumínico. Lo más significativo es que la incertidumbre nace del gran desorden que evoca el calor, y la luz fotónica lo convierte en un riguroso orden. Así el ojo observador recibe las radiaciones luminosas evocando estímulos nerviosos que dan lugar a la claridad y al color.
De modo que, una variación en la partícula original es percibida en el sistema visible tal como en un tiempo pasado sucedió en dicha partícula. Con lo cual, la luz, es catalizadora del estado de la materia y, en cada caso particular, traslada la información de uno a otro lugar sin que en su recorrido por el vacío se interfiera con otras esferas de luz, tanto si son iguales como si son de diferentes características. Ello permite describir la partícula original del universo con anterioridad a cualquier cataclismo del pasado, llamado Big Bang.
Por Todo ello preserva un orden natural con las radiaciones luminosas que dan lugar al origen del color, por lo que se puede afirmar que la doctrina de todas las leyes de la naturaleza están relacionadas con el color.
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